Es un hecho que la penetración de los servicios de telefonía celular en los últimos años ha avanzado a pasos agigantados. Fomentado por este fenómeno y después de un experimento fallido con Motorola, la compañía Apple inició, con una inversión en investigación y desarrollo valuada en un poco más de un ciento de millones de dólares, la creación de un equipo móvil que esperaban revolucionaría el mundo de la telefonía celular: el enigmático, y algunas veces elevado a objeto de culto, teléfono portátil conocido con la marca iPhone.

A pesar del alto costo de adquisición del equipo, la limitación a la disponibilidad del uso del teléfono con un solo proveedor únicamente para los Estados Unidos, que después fue burlada por diversos trucos, y algunas fluctuaciones en su precio de venta, la primera versión del teléfono cumplió con las expectativas de los fanáticos de la marca. Poco después de un año y por el éxito que tuvo esta tecnología, de inmediato, la compañía que dirige Steve Jobs lanzó al mercado una versión mejorada de su creación, el iPhone 3G, que como su nombre lo indica, permite conectar el teléfono a la red de telefonía 3G con todas las ventajas que esto supone, como una conexión continua a Internet a velocidades superiores a las tecnologías predecesoras.

Esta vez, Apple salió al mercado con una estrategia más agresiva buscando mayor penetración con nueva versión de su teléfono. Planteando el mismo modelo que su competencia para ingresar sus diversos equipos telefónicos en el mercado, obligando a los usuarios a planes con límites de tiempo forzoso que iban prorrateando el costo de los equipos, Apple logró reducir el costo inicial de la posesión del teléfono a un aproximado de $200 USD. Este prorrateo del costo del equipo influenció un alza en las ya de por sí altas tarifas de los servicios de telefonía y datos en la red 3G, generando molestia en la mayoría de los usuarios que habían adquirido la primera generación del teléfono y contemplaban renovarse con la nueva versión del mismo.

Desde que Chris Anderson acuñó el término “Long Tail” en su artículo de Octubre de 2004 en la revista Wired para referirse al potencial que existe de explotación en los mercados de nicho, como fuentes de ganancias exitosas, se ha extendido la costumbre de tratar de explicar cualquier fenómeno que involucra la comercialización de productos y su consumo a través de esta teoría. El editor de la revista Wired nombró Cola Larga, traducción al español del término en inglés, a este efecto por la forma que representa la curva asíntota de la distribución de frecuencia, dibujada en una gráfica.

Un postulado que hace mención de los beneficios de los mercados de nicho como “Long Tail” difícilmente puede ser utilizado para describir el fenómeno mundial y de consumo masivo que en los últimos días se ha dado por la liberación del iPhone versión 3G, por el objetivo de Apple de alcanzar un mayor número de usuarios. Más conveniente es el observar este fenómeno desde 2 postulados económicos un poco más antiguos y menos atractivos: el modelo de la oferta y la demanda, que describe la relación que existe entre el precio de un bien y sus ventas, y la relación de estos con las economías de escala, el punto óptimo en la fabricación u ofrecimiento de un servicio en el que los costos de producción por unidad se han reducido a tal punto que la empresa gana más entre más produzca.

El escandaloso costo de la implementación de la infraestructura de nuevas tecnologías en el medio de las telecomunicaciones, impulsa a la mayoría de las empresas que ofrecen servicios de telefonía celular a buscar un equilibrio, basándose en el ya mencionado modelo de oferta y demanda, entre el número de usuarios potenciales y el costo inicial al que ese servicio será ofrecido, buscando que con el tiempo se pueda generar una masa crítica de usuarios que permita en el transcurso del tiempo reducir los costos y obtener una recuperación sobre la inversión inicial que implico implementar dicha tecnología, esto en búsqueda de las también ya mencionadas economías de escala.

Las “altas tarifas” a la que la mayoría de los proveedores de telefonía móvil ofrecen estos servicios responden a los fenómenos ya mencionados y no, como la mayoría de la población supone, a deseos ambiciosos de enriquecimiento desmedido e incontrolable de corporaciones malignas a costa de los indefensos consumidores. En todo caso, si los consumidores no están de acuerdo con el precio de un servicio que desean adquirir, siempre tendrán la libertad de no contratarlo y esperar pacientemente a que los costos disminuyan en conveniencia con su bolsillo. ★