Martha Poly Evg3

He perdido la cuenta de las veces en que me piden recomendaciones de filtros o software que puede crear “efectos” como los que muestran mis imágenes. No me sorprende por lo mismo que cuando alguien se sienta estancado o visualmente escaso de ideas, recurra al software.

La educación visual.

Cuando tenía unos 8 años, mi madre me regaló un libro llamado Cómo se mira un cuadro. Ese, junto con otros libros de pintura, abrieron un horizonte fabuloso para mi, me enseñaron el placer de ver el arte con todos sus detalles, desde contemplar toda la dinámica que sucedía en una escena, hasta la técnica, color, perspectiva y estilo de cada artista.

Puede que no sea sorprendente que los niños reciban educación artística, pero ha sido en la práctica, conversando con la gente, que he visto lo poco que se valora y en particular, que se ignore totalmente que estos conocimientos deben ser adquiridos durante la niñez, justo cuando se está estructurando nuestra forma de ver el mundo.

Quizá sea esta y no otras fantasiosas razones, que cuando me preguntan que revele el secreto de el postproceso – no como si pretendiera ser un gran artista, simplemente porque la pregunta es recurrente – siempre contesto que no existe una fórmula.

Esta formación es la que me ha permitido distinguir quien está copiando un estilo, quién está abusando de un filtro y si este me sirve o no para expresar mis ideas.

Ahora lo saben, nadie está ocultando secretos, todos somos frutos de nuestra educación.

Es por eso que les digo que estudien la parte visual y hagan a un lado el software, para que entiendan que el pincel más fino y caro va a ser como una venda en los ojos, más cuando te encuentres rodeado de personas que sientan fascinación por las pinceles y no por la creatividad.

Cuando me regalaron ese libro de como mirar un cuadro, mis recursos eran más limitados: una caja de lápices de 42 colores y mucho papel bond, eso era todo lo que tenía. Es probablemente eso lo que me enseñó a dosificar mis herramientas adecuadamente, aún cuando algunos años después tuve un arsenal de acuarelas, gouche, lápices e incluso estilógrafos (a mis escasos 12), nunca tomaba todas estas herramientas para aplicarlas todas al mismo tiempo y esperar que mágicamente tuviera un valor solo porque había mezclado tinta china con acuarela.

Porque sin una buena idea eso no me servía de nada.

Almost painted es el nombre de la fotografía que ilustra este texto y solo para despejar esas dudas, el archivo únicamente pasó por Photoshop para borrar las molestas manchas que ahora tiene el sensor de mi cámara, el resto, directamente en Lightroom (subexposición, cambio de balance de blancos y aumento de negros).

Aunque Lightroom me gusta mucho, siempre contemplo una foto antes de hacer la corrección de color básica… y si esta no me dice nada, la borro.

Esta foto es fruto de la luz adecuada, el ángulo adecuado, la ropa adecuada (Rosa Pistola), la modelo adecuada (Martha Poly) y la interacción adecuada de estos elementos conmigo, sin esto, aplicar un post proceso habría sido inútil.

Usar Lightroom ha sido como tener únicamente la caja de lápices, dejar Photoshop para tareas verdaderamente difíciles, ha hecho que me concentre más en hacer buenas fotos y menos en buscar filtros nuevos en internet. ★