Nunca he entendido por qué algunas personas defienden a capa y espada el libro impreso, al igual que aquellos que defienden la fotografía análoga sobre la digital. Siempre me ha causado algo de risa aquella idea de que “todo tiempo pasado fue mejor” y esto me da para pensar que muchos de estos defensores por un lado no están preparados para enfrentarse a cambios y, por otro lado (más grave aún) defienden objetos y no contenido. Defender al libro como objeto porque huele bonito o porque sus páginas se ponen amarillas con el tiempo, no nos dice nada de la contribución real que los libros han significado al desarrollo de la humanidad.

Como bibliotecaria y lectora, defiendo el contenido y la información, no me preocupa, no me incomoda y no me enoja si ésta se encuentra en un libro impreso, en un PDF, en un CD, en un MP3, en un blog o en una revista electrónica; no tengo ningún problema en tomar algún libro de los que se encuentran en mi recámara, así como tampoco tengo ningún problema en abrir algunos de los libros que tengo guardados en mi computadora y tampoco tendría ningún problema en tener en mis manos un dispositivo de lectura (e-book) porque lo que me interesa es lo que voy a leer y la información que voy a obtener.

Y ¿a qué viene toda esta reflexión? A la más reciente declaración de Ray Bradbury publicada en La Nación donde defiende el libro impreso y también declara la desconfianza que le generan los dispositivos de lectura como el Kindle de Amazon. Ray Bradbury es, sin duda alguna, uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo, además de una de las principales referencias para los bibliotecarios y todos aquellos que nos dedicamos al mundo del libro, sólo mencionar “Fahrenheit 451” nos remite a aquella sociedad donde leer está prohibido y los bomberos en lugar de apagar incendios, los crean utilizando como combustible los libros. Ray Bradbury es y ha sido uno de los defensores más acérrimos del libro impreso; sin embargo, aseveraciones como “que quemen internet en lugar de quemar libros“ es querer que nuestra sociedad sea igual a la que nos narra en Fahrenheit 451, es sentirnos amenazados por la información que está en soportes distintos y por ello debamos eliminarlos, es casi como decir: “que quemen los libros en lugar de las tabletas de arcilla“ o “que quemen los libros en lugar de los rollos de pergamino“.

Me sorprende mucho que un escritor con una larga, fructífera y renombrada trayectoria defienda al objeto y no al contenido, que finalmente es el que importa. Me deja, como alguna vez se dijo en otra de sus intervenciones en relación con los libros e internet, con sentimientos encontrados. Celebro su pasión por los libros, celebro su defensa a las bibliotecas, lo admiro como escritor; sin embargo, no puedo estar de acuerdo en que alguien que ha dedicado su obra a defender el conocimiento, pida que este sea eliminado cuando no se encuentra en los objetos ya conocidos (libro impreso), resulta incoherente hablar del futuro y quedarse en el pasado. ★