¿Por qué SOPA es una mala idea?
febrero 01 2012
Mucho más allá...
enero 13 2012
Lo malo es que el arte no se democratiza, se democratizan algunas de las herramientas que usan algunos artistas. Y la siguiente analogía se aplica muy bien para los que son artistas vs. los wannabes: a mi dame un cincel y un martillo y hago un hoyo en la pared, dáselo a Miguel Ángel y hace el David. Son las mismas herramientas, la diferencia está en la sensibilidad, la dedicación y el artesanado. La cosa con los wannabes es que se la pasan haciendo agujeros en la pared y sienten que están a la altura de Miguel Ángel, sólo porque su cincel es de la misma marca y/o más grande.
Por muchas Macs que le pongan y se compren sus cámaras carísimas y la mamada, los wannabes se la pasan haciendo hoyos en la pared. El arte no se democratiza, el arte sigue siendo parte de una élite, la élite que le chinga y tiene una homogeneidad semiótica y una cohesión sintactica impecable. El artista está más allá de lo “locochón”. ¡uff! MUCHO MÁS ALLÁ.
— via Merodeador Nocturno en Congal Postapocalíptico
Si haces a todos artistas, nadie es artista
enero 12 2012
IF YOU MAKE EVERYTHING BOLD, NOTHING IS BOLD.
— Art Webb
A veces se encuentra uno con la fortuna de que el tema más citado en este blog resulta ser la preocupación principal de un documental, en este caso PressPausePlay (vía @wulfrano), si no lo han visto, se los recomiendo mucho.
Básicamente se aborda la idea de que la tecnología, ahora accesible para todos, es algo particularmente fascinante para los artistas, pero lo realmente interesante del documental es cuando ponen la otra cara de la moneda, ¿qué pasa cuando la herramienta se democratiza tanto que se crea un océano de basura?
¿Instagram? ¿Flickr? teléfonos con HD o incluso el costo de las cámaras, el software que ahora puede hacer lo que antes hacían músicos con toda una serie de cajas de ritmos.
Sin duda es genial, para muchos artistas, poder tener todo esto por un precio mucho menor, hasta ahí todo queda claro, ¿pero qué pasa cuando gente que no hace arte toma las mismas herramientas?
Como es de esperarse, aquí se suscita una discusión aún más interesante, incluso algunos “pseudo artistas” que van a reclamar a los comentarios del documental ¿y quienes son ustedes o los entrevistados para determinar quién es artista y quién no?
La idea principal del documental me parece muy clara, el verdadero artista, por principio, es una persona estudiosa, analítica, trabajadora, curiosa y con grandes capacidades para conectar ideas de formas innovadoras. Ahí tenemos un perfil, más allá de perdernos en una eterna discusión sobre qué es arte y qué no.
El problema con la democratización tecnológica es que, en aras de vender, le han fabricado la idea a la gente de que puede tener una cámara Holga con el click de un filtro en su iPhone. Aquí, más allá de que la densidad del film en una Holga sea de mucho mayor definición que la diminuta capacidad de captura de un iPhone, el verdadero problema radica en la mediocridad de generar algo con el menor esfuerzo, valga citar de nuevo, sin estudiar, analizar, trabajar y ni siquiera usar tu curiosidad para generar algo, sino innovador, al menos propio, lejos de la automatización de resultados a los cuales parece alinearse cada vez más gente (no artistas).
Ni siquiera hablamos de una tecnología sencilla “al estilo Apple” para hacerse a un lado y dejar que el artista se concentre en crear, sino en algo más grave mencionado en el documental, que los fans en un concierto lleguen a sentir que saben lo suficiente como para cuestionar, corregir y reemplazar incluso a su artista favorito solo por tener las mismas herramientas y medios para publicar, como lo citaba arriba “IF YOU MAKE EVERYTHING BOLD, NOTHING IS BOLD.” O el ejemplo mencionado de los “bloggers” que opinan todos qué debe y qué no debe hacerse o decirse sin ninguna formación de por medio que los respalde.
Dentro de este nuevo panorama, apunta también a un especie de Oscurantismo Digital o un declive tecnológico, que probablemente ya está comenzando. Si la red se llena de basura o si todos generamos contenido mediocre, el usuario se acostumbra, y ese es el verdadero peligro.
El artista actual, después de dar primero la bienvenida a la tecnología como un aliado, ahora confronta un medio saturado donde tendrá que buscar y rescatar, lejos de la perfección de la máquina, lo que genuinamente sea más humano.
Un futuro fugaz: humanos y máquinas.
enero 02 2012
El último mes del 2011 se prestó, como sucede cada año, para reflexionar acerca de nuestra actividad y coexistencia con algoritmos, tecnología y redes sociales. Me llamó la atención no ser el único que piensa, sino que nos estamos sobrecargando de información y de actividades superfluas, que al menos la mayoría no sabe como filtrar o administrar la cantidad que consume en su día a día.
Uno de los planteamientos que se consolidaron en el 2011, fue la red como fenómeno humano, en las redes sociales, y su “supuesta” contraparte con los algoritmos que obtienen información para deducir o incluso determinar sin equivocación, qué queremos, qué necesitamos y casi… qué sentimos.
En TechCrunch la apuesta es a decir El Internet es la gente y ver todo esto como el reflejo de un fenómeno social. Sin duda una parte importante se puede abordar así, pero la contraparte, esa de la que no nos gusta platicar, esa que en una fábrica hace los procesos homogéneos y ordena como debe de suceder cada uno, se vuelve la plataforma de nuestras manifestaciones, entiéndase por esto los protocolos en las redes sociales, cómo das un like y que “debe” ser un like, cómo debes poner un “trending topic” porque así es como se entiende.
Supuestamente, en este fenómeno social, la gente se manifiesta como le da la gana, llegó a cambiar al mundo y a decir y fotografiar cuanta cosa le sucede diariamente. De esta forma y por estos medios, a sentir que está viviendo (aunque sea solo en su cabecita), el momento histórico de la “libertad tecnológica”, aunque su fascinación al final del día esté relacionada con una noticia banal, una aplicación que mañana olvidará o cientos de fotos que se perderán en su timeline.
Justo en otro artículo de TechCrunch, Tech Comes To The Real World, se plantea un análisis que señala a la revolución tecnológica como el “Imperio de la banalidad”. Haciendo un minucioso análisis, una gran cantidad de inventos, aplicaciones y otras novedades no han cambiado drásticamente los resultados, solo los procesos, y de estos mismos, la mayoría enfocado a actividades cotidianas, frívolas actividades cotidianas que antes no necesitábamos, pero entre más existen, más nos volvemos dependientes de ellas.
Cuando tuve mi primer iPod Touch, me sentí fascinado por su diseño, y aunque en gran parte lo escogí para poder mostrar mi portafolio, recuerdo cuando bajé un Nivel o nivelador y me pareció increíble tener una aplicación gratuita que equivalía a un aparato que me habría costado alrededor de 200 pesos en una tienda de herramientas… unos meses después me di cuenta de que rara vez lo usaba. Aquí claramente hablo de una herramienta, pero Instagram no es una herramienta, así como tampoco lo son cualquier cantidad de aplicaciones, redes sociales o ideas absurdas como prender tu auto hablándole a tu iPhone (Siri). Pero es curiosamente este mundo de aplicaciones los que dominan el día a día y probablemente el 50% de la conversación en línea.
Si pensáramos que todo esto es una exageración, solo falta leer en periódicos sobre lo que dice un político en Twitter, cómo la regaron en Facebook o simplemente ver a dos personas comunicándose en un diálogo verbal sin poder evitar “likes” y hashtags mencionados en una conversación y hablar en bloques de 140 caracteres o menos.
Estamos determinados de una u otra forma, a limitar los mensajes en torno un medio y a darle forma a nuestras vidas a razón de lo que idealmente podemos compartir.
A través de estas tendencias de comunicación y esa serie de inventos, la tecnología banal se vuelve el “mainstream” en la vida de muchos. Ya sin ir más lejos, cuando escuchas a un fotógrafo decir que prefirió comprarse el nuevo iPhone que renovar equipo fotográfico, sabes que ese “Imperio de la frivolidad” se volvió indispensable. Sabes que no es la evolución tecnológica de herramientas serias la que afectó la percepción social de la fotografía, sino la obsesión por darle un ficticio poder a la gente a través de un celular, para tomar fotos, que mañana desaparecerán en su timeline.
Y llega ese momento en que me pregunto si todo esto no se vuelve la ilusión de libertad para ese usuario promedio que entrega su reino por un celular o incluso por su supuesto ejercicio de expresarse en una red social, la cual a final de cuentas funge como esa infinita rueda del hamster que ya no necesita estar en una jaula porque el usuario ya no se va a escapar.
Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección
diciembre 14 2011
Hace unos días leí este artículo en el tiempo.com, unos días después recuperó el tema Soska por aquí y todo esto se juntó en algunas reflexiones sobre blogs y los momentos de introspección que hemos perdido, como lo apunta Camilo Jiménez al renunciar a su cátedra porque sus alumnos no escriben bien.
Cuando leí el artículo, me sentí triste, no solo por una generación actual sino por mis propias costumbres y como han cambiado. Las redes sociales comenzaron como algo “novedoso e interesante con grandes posibilidades” y saturaron todo hasta “alienar” nuestras actividades (claro está en la medida en que lo permitas).
De una u otra forma he terminado interrumpiendo infinidad de veces mi día entre Facebook, Twitter, G+, Quora o la red en turno, sin que en concreto me de un beneficio razonable al tiempo que se la pasa uno leyendo, lo que en su mayoría son trivialidades.
En Facebook, todos somos el centro del universo, con esto ni siquiera me refiero a la promoción profesional o a las publicaciones con grupos, sino a las personas que elevan el momento más nimio a algo casi divino, lo trivial se impone sobre cualquier otra actividad.
En Twitter todos son portavoces certificados, expertos de opinión, no importa si tienes 17 o 37, la democracia, la famosa horizontalidad 2.0 que fascinaba tanto, termina aplanando la diversidad para resultar en un pensamiento alineado a un trending topic. Eso, aderezado de quejas y templos al “tweet favorito”.
Google Plus, la red que se llena de la “pose desertora contra Facebook” y protagoniza la trivialidad pero “versión geek”.
¿Y los blogs? ¿en dónde dejamos a los papás de todo esto? El contenido que viaja entre todas estas redes, viene finalmente de ahí.
Los blogs son ese momento de introspección que empiezan a olvidarse, esto es claro cuando vemos que lo único que puede más o menos encontrarse en la red, son Tumblrs o “reblogging” (en su mayoría) y bloggers con espacios rara vez actualizados (como le está comenzando a pasar a Mocca).
Del artículo de Camilo Jimenez, cito este fragmento:
Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.
Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis.
Tener un blog, le pide más o menos al autor, que retome la escritura, el lenguaje, revise sus ideas y se siente a esa introspección, a ese espacio de soledad mínimo que como seres humanos hemos perdido entre tanto ruido.
Que no me tomen a mal que no es la red social perse, sino la sobredosis de información e interrupciones, cada vez más notoria o más fuerte.
Es esa parte de la tecnología “democrática” que le dio a todos las mismas herramientas sin pedir tantita preparación, para convertirnos, no se si en nativos digitales o “webones digitales”, con fiebre de compartir más de lo que humanamente podemos leer y en la comodidad de que si mañana no nos acordamos del nombre de alguien, podemos encontrarlo en Google.
Con esa perspectiva, sin esa característica humana de introspección, se complica aún más que la gente aprenda a leer… y menos a escribir.
¿Qué cámaras son las mejores?
noviembre 13 2011
Sin duda una de los temas más discutidos entre amateurs y profesionales ¿Qué cámaras son las mejores?
Lo primero que habría que dejar claro con respecto a la fotografía es que no hay nada que se pueda hacer si la persona interesada carece de visión y creatividad.
Después de unos años de observar “flame wars” entre evangelistas de marcas, podría asegurar que de esos foros y sitios web vagamente podrás rescatar al 1% de verdaderos fotógrafos. Podrán ganar bien, otros mal, otros incluso hacerlo por placer, algunos venderán muy caro su trabajo y otros harán prácticamente lo que sea para lograrlo, pero solo unos cuantos brillarán en su calidad y por ende en una aplicación práctica de lo que saben, de esta forma el internet se vuelve un lugar complicado donde la opinión está escasamente respaldada.
Entonces… ¿es correcto plantearse qué cámaras son las mejores o es necesario organizar nuestras ideas para poder definir mejor esto?
Los puntos básicos para responder realmente irían así:
- ¿Por qué quiero ser fotógrafo?
- ¿Qué segmento de la fotografía me gusta más? ¿Retrato, documental, fashion, viajes, animales, arquitectura, paisajes?
- ¿Me gusta o me apasiona? ¿Conozco la diferencia?
- ¿Cuáles quiero que sean las repercusiones de mis fotografías?
- ¿Quiero que mis fotos se usen para algo? ¿En qué medio?
- ¿Cuál es mi presupuesto?
- ¿Me gusta cómo se ven las imágenes o cómo me veo con la cámara?
- Si ya he hecho fotografía ¿qué ha sido más difícil? ¿qué ha sido más fácil? ¿qué he disfrutado más?
La mejor cámara es aquella que será la mejor herramienta en torno a tus necesidades, por eso la discusión vaga ¿cuál es la mejor cámara reflex? no lleva a ningún fin concreto porque no hay propósito, sin metas no se pueden definir destinos, en tal caso valdría la pena pensar ¿necesito el modelo más completo? ¿podré explotarlo al máximo?
Quizá no podría asegurar esto como infalible, pero las preguntas me parecen bastante obvias, el asunto es que rara vez aplicamos algún método a la compra impulsiva de una cámara y en cambio corremos a analizar cientos de reseñas que podrían ciegamente convencernos de que es una herramienta completa con una gran calidad de imagen, lo cual no forzosamente daría resultados si el comprador no tiene las bases mínimas para descubrirlo.
Saul Bass: On Making Money vs Quality Work
octubre 07 2011
Even if nobody cares.
Now what are you going to change?
octubre 06 2011
He changed computers.
He changed software.
He changed design.
He changed publishing.
He changed film.
He changed music.
He changed advertising.
He changed retail.
He changed business.
He changed beige.
He changed expectations.
He changed our minds.
He changed them.
He changed us.
He changed you.
“Don’t be sad because it’s over. Smile because it happened.” – Dr. Seuss
Now what are you going to change?
— Jason Fried (about Steve Jobs)
Twitter, Facebook, Blogs... y nuestra memoria volátil (parte II)
octubre 02 2011
Casi como si The Guardian me hubiera escuchado, encuentro este artículo titulado “Debemos recordar borrar — y olvidar — en la era digital”.
Suena irónico “recordar borrar y recordar olvidar”. Pero es eje del mismo fenómeno.
Una de las cualidades de la era digital es que la memoria se hace más grande de lo necesario, trayendo datos que deberíamos olvidar y/o alejando o llenando nuestras vidas de otros que son innecesarios.
Mayer-Schönberger cita el caso de una mujer que estuvo en la cárcel más de 10 años atrás y fue castigada socialmente otra vez porque se encontró información de ella en la web, cuando ya había pagado su condena.
También menciona como 9 de cada 10 norteamericanos quiere expresamente que los sitios y empresas de publicidad borren todos los datos que almacenan sobre ellos. De la misma forma, en los “nativos digitales” la cifra crece a un 84%.
¿será que la gente está cansada de que se guarde tan minuciosamente tanta información sobre ellos?
Mayer-Schönberger apunta un aspecto que había conversado antes con un amigo, ¿Qué es lo que le hace Facebook a la identidad del ser humano?… aquí yo corregiría, ¿Qué se hacen los humanos cuando usan Facebook? y a esto se menciona: “en la era análoga, era relativamente simple mantener nuestras vidas separadas” (aquí la primer clave es “separadas”).
Una de las sugerencias en el artículo es que los archivos deberían tener una fecha de expiración para al menos hacernos revisar si esa información es realmente relevante. Ese es otro punto medular que me atrajo a toda esta discusión, el fotógrafo que toma y acumula fotografías indiscriminadamente y pierde toda capacidad de seleccionar y por consecuencia de entender el concepto de relevancia en la información y en su vida diaria.
Los blogs nos exigen hasta cierto punto un ejercicio de relevancia, particularmente cuando se trata de escribir cuestiones útiles y no cada cosa que nos sucede en el día, como pasa con Twitter. Ya no es una simple cuestión de opiniones o como “debo o no debo” usar mi red social, es un fenómeno que está sucediendo, transgrediendo espacios íntimos, memoria y capacidad de olvidar.
Mayer-Schönberger ejemplifica diciendo que las cámaras deberían tener esas fechas de expiración para hacernos más selectivos y quedarnos con los momentos realmente trascendentes, pues si proyectamos en perspectiva a esos “fenómeno-flickr” que quieren tomar foto de todo, terminamos en 10 años con una gran cantidad de material inútil. Y no se trata de una “abstinencia digital”, — menciona más adelante — sino de una participación en la cultura digital que no sea a cualquier costo o consecuencia.
Y aquí la parte medular:
La memoria digital invade nuestras más íntimas relaciones.
Como ejemplo las cartas de amor hasta cierto punto deben perderse en la memoria y no ser expuesta o peligrar al ser publicadas en redes sociales o la web en general. Sin duda esto se extiende a las posturas que vertimos en lugares como Twitter y Facebook, que de alguna forma arriesgan a cada uno de los usuarios, como encontrar una opinión en la que discernimos pero de hace quizá 3 años y que esto nos lleve a cancelar una cita con esa misma persona en el presente.
Al final, mientras todo esto va cambiando, hay un consejo básico que no está de más. Publicar en redes sociales y blogs, hasta cierto punto, debe llevar un poquito de auto censura, para dejar tu privacidad ahí, donde todavía es privacidad, para hacer que “tu cotidiano” sea tuyo y no de todos, para no sentirte amenazado o recriminado por aquello que escribiste en un mal momento en tu Twitter y que quizá como en las leyes, “todo aquello que digas pueda ser utilizado en tu contra”, compartir no es una virtud cuando aquello no es significativamente valioso y nuestra memoria se pierde almacenando datos irrelevantes.
Twitter, Facebook, Blogs... y nuestra memoria volátil
septiembre 27 2011
El fin de semana pasado escuchaba una de las ponencias del Simposio Internacional del Libro Electrónico gracias a que Uvejota lo estaba viendo. Uno de los ponentes habló de la “cybercultura”, ahora no recuerdo quien, e hizo especial hincapié en como las redes están funcionando cada vez más como nuestra memoria.
Twitter y Facebook podrían tener un simil en SMS, agendas y libretas de notas, pero el fenómeno ha tornado diferente, es cada vez más gente la que se confía de un “timeline” para obtener información o de un muro para recordar los eventos de 15 días atrás.
Mencionar las ventajas de las redes sociales y/o sus virtudes positivas ya se ha hecho al cansancio, lo que cambia la ecuación es como se modifica nuestro comportamiento, al menos el de ese grueso de la población que las usa.
La gente manda invitaciones a eventos de forma masiva, incluso cuando invite solo a 20 amigos, no se molesta, ni siquiera por escribir bien una invitación. Sus referencias musicales, cinematográficas, políticas… son cada vez más recientes, se recorta la memoria, es casi como que funcionáramos como gatos y perros, o como niños pequeños. Tenemos idea para entender el lenguaje pero nuestros parámetros y referencias son cada vez más cortos, como usar un recortador de urls para hablar de tu vida y referirla en un código QR… Basta, no me molestes, si quieres saber qué estoy haciendo ve a ver mi Twitter.
En un pasado no muy lejano, el acto de escribir un email era algo interesante y meticuloso, recuerdo todavía por ahí del 2001 que una amiga mandaba extensas “cartas” sobre sus aventuras en Europa. Después de eso los blogs tomaron fuerza y se podían leer historias muy interesantes en cada uno de esos espacios.
Sin duda hay gran cantidad de blogs que todavía dan mucho de cada autor, pero es el tiempo de convivencia en las redes sociales que ha redefinido cómo usamos nuestro tiempo, ha fragmentado en pequeñas actualizaciones de status o tweets todo lo que nos va pasando y hasta cierto punto ha modificado y robado espacio a nuestra memoria. Es decir cada vez interrumpimos más para depositar menos información, muchas veces inútil en vez de hacer un solo espacio para escribir una buena nota, un buen artículo, un poema o una reflexión. El blog tiene un historial muy concreto y se rescata como un trabajo personal, íntimo, una presencia única. El espacio en una red social se torna por el contrario homogéneo, inodoro, insaboro y principalmente volátil, pensamientos de 140 caracteres de donde “se pudo” rescatar algo pero se desvanece en el timeline.
Las redes sociales perse no son malas, el uso que les estamos dando y los atributos que destacamos de ellos parecen rebasar las bondades de espacios más nobles como los blogs. Es como cambiar el “tengo algo que decir” por “no tengo la suficiente memoria disponible en mi cabeza” más que para 140 caracteres. Es decir no tenemos tiempo pero vemos 400 sitios que nos muestran ahí o hacemos innumerables pausas a lo largo del día para poder leer y escribir sin relevancia, eliminando de la memoria lo que podríamos guardar para una buena charla de café o para un buen artículo en nuestros blogs.
140 caracteres no son suficientes.